Y sí.
Yo sé que la que se celebra es la llegada de los viernes. Que el sábado es el día de éxtasis social por antonomasia. Que el domingo es una especie de purgatorio invertido: una nube gris y aburrida donde se paga la pena de haber disfrutado de los placeres del sábado. Que es el día en que se desata la ansiedad colectiva ante la certeza de que al día siguiente comienza la semana. Otra vez.
Pues para mí, madre insomne y con la familia viviendo del otro lado del mundo, la cosa es exactamente al contrario. Los viernes son terribles. El día de mayor ansiedad de la semana. Los lunes, al contrario, me vuelve el alma al cuerpo. La razón es una sola y tiene nombre propio: Sori. El alma bondadosa que me ayuda a administrar cada uno de los minutos de las mañanas de mis días. Que no pueden ser todos los días, claro, sino solamente de lunes a viernes.
El viernes, cuando despido a Sori en la puerta y le deseo un buen fin de semana, me quedo con un hueco en el estómago. Sé que por sesenta eternas horas no la veré. Que estaré abandonada a mi suerte. Que yo sola deberé ocuparme de todo. De mi hijo, de lavar, de cocinar, de limpiar, de mi hijo, de acomodar, de poner, de quitar, de doblar, de mi hijo, de tender, de ajustar, de barrer, de secar, de exprimir. De etcétera. Y de mi hijo.
Cierto que M está también. Y que además de una ayuda, es la mejor compañía que N y yo podemos tener. Y me encanta pasar el día entero en familia. Pero me gustaría muchísimo más si Sori estuviera siempre. No hay que esforzarse mucho para entenderlo.
Los lunes me despierto con una sensación de alivio. Llena de esperanza. Sé que en cosa de dos horas, llegará Sori. Y que entonces podré poner en sus manos el desastre en que mi casa se volvió el fin de semana y tres horas después, ella lo habrá convertido de nuevo en un lugar habitable.
Y como si eso no fuera suficiente, hay un plus: Sori es latinoamericana. Y no les cuento la maravilla que es que mientras alguien convierte el chiquero que pisas en una casa humana, lo haga mientras te cuenta, en español, cómo le fue el fin de semana.
No me atrevo a pensar cómo será cuando Sori no esté más en nuestras vidas. Pero lo que es ahora, los lunes son mi día favorito de la semana.