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| N en una de las muchas casas que hemos habitado en estas semanas. Foto: Thania Z |
Hay una sandía, que a veces es una anguria. Y un cuchillo.
En su casa hay una cascina piccola. Y hay muchos colores. Hay taralli, cerezas, fresas y mucho parmesano. Hay leche para beber, agua pizzichina y agua mineral. Poca, de esta última.
Tiene hipopótamos, cebras y una lavaplatos. También tiene una macchina, como la de papá. Blu.
Hay carne y helado de chocolate. También hay una nonna Carla, como la nonna de su papá.
Hay vino. Ni tinto, ni bianco: verde. Y muchas mermeladas: de piña, ciliegia, biscotto. También tiene smoothies. Y baños.
Su casa está muy lejos. A veces arriba del techo, a veces en la luna. A veces, también, nos dice a papá, a los abuelos italianos y a mí; que no podemos entrar a su casa. Pero luego se la piensa mejor y nos dice con una sonrisa que sí, que podemos visitarlo.
Eso es lo que dice en estos días.

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