miércoles, 3 de abril de 2013

Incompatibilidades (et al.)

Ser madre de tiempo completo, no dormir y escribir, son cosas incompatibles. Sí, ya sé: he descubierto el agua caliente. Pero yo de verdad me imaginé que podría arreglármelas para hacer las tres cosas. Que no podía ser tan difícil encontrarme una  hora al día para escribir acá. Pensé que este sería el blog que continuaría por años y no otro de los tantos que empiezo con entusiasmo y luego se quedan inertes en la Red hasta que me decido a borrar todo indicio de que alguna vez existieron.
  Lo cierto es que ahora no sé si este será la excepción o la regla. Y también que a este blog, por el que cada tanto pasan dos o tres hipotéticos lectores que no sé si se quedan a leer o si sencillamente llegan porque apretaron el enlace equivocado que les ofreció el google y se van en seguida; pues a este blog, de alguna manera no lo he descuidado. Al menos no lo olvido. Supongo que la razón es que la idea era escribir acá cosas sobre las noches de insomnio y otras peculiaridades más de N, mi hijo. Y por eso se me han quedado entradas en el tintero. O en el grabador de voz del celular, en honor de la verdad. Cosas como esto, que sucedió hace al menos seis meses:


  Esta tarde, N y yo estábamos esperando turno en la cola de la heladería de siempre. Detrás nuestro se formó una pareja de novios casi adolescentes. Empezaron a mirar fijamente a N. Le hacían caras y le sonreían y lo saludaban. Nada especial. El clásico bufón que todos llevamos dentro, y que emerge en presencia de un bebé. N dejó el libro con el que estaba jugando y miró a los desconocidos con el ceño fruncido. Debe estar preguntándose ¿quién es este cretino que me hace caras tontas?, dijo la novia. Y él dijo algo para defenderse o algo así. Y los dos siguieron con su diálogo, sin sacarle los ojos de encima a N. Él los  miró un rato y luego hizo un puchero y empezó a sollozar. Lo espantaste, dijo la novia, te dije que espantas a los niños. Y la cosa terminó allí. Le di la vuelta al cochecito de mi hijo para que ya no viera a los noviecitos y me quedé pensando toda la tarde que a los bebés se les exige demasiado y se les respeta poco. Aceptamos que a un adulto le caiga mal otro adulto, que le caigan mal muchos, que incluso no pueda compartir el mismo espacio físico con alguien que detesta. Aceptamos de buen grado que cuando a un adulto le presenten a un desconocido, le de una mala impresión, que le caiga mal, que no haya onda. Pero a un bebé no. A un bebé se le pide que sea todo sonrisas y gorjeos para todos los desconocidos que le metan la cabeza en el cochecito, le piquen las mejillas o los pies y le pongan cara de tonto. Si frente a estas impulsivas muestras de afecto, el bebé comienza a llorar (el equivalente a la adulta excusa de: perdón, debo irme porque tengo que darle de comer a mi gato) entonces llegan los ¡uy, pero qué huraño!, ¿no me sonríes, tesoro?, ¿no te gusta la gente?, ¡tan chiquito y ya tan mal carácter! 

  ¿Porqué está obligado un bebé a una cosa tan espeluznante como lo es gustar de todo el mundo? Imagínense el infierno que sería si todos fuésemos simpáticos con todos, si todos nos cayéramos bien. 
  Y de respeto, vamos. Que pareciera que un cuerpecito de bebé es una invitación a la opinión y el manoseo ajeno. Todos se sienten con el permiso de tocarles las manos, los pies, las mejillas, la cabeza. Todos tienen siempre cantidad de preguntas y de comentarios y observaciones. Es como si mientras somos bebés, los seres humanos fuésemos del dominio público. Y no. Que no.
  A mí me gusta que N llore al ver a un desconocido, y que sonría al ver a algún otro. Somos seres socialmente selectivos (si me permiten el seseo), y necesitamos que nos respeten nuestro espacio vital. Imagínese nada más que usted va conduciendo su auto, se para en un semáforo y entonces alguien salta de la acera, mete la cabeza por la ventanilla y le dice:
– ¡Qué guapo que estás! ¿Cómo te llamas? ¿Para dónde vas? ¿Tienes calor? ¿A ver, qué estás bebiendo? ¿Agua? Mmmmm ¿Me das un poco? 

  ¿No le darían -al menos- ganas de llorar y gritar?

No hay comentarios:

Publicar un comentario